iker armentia

El silencio que oculta la corrupción por Iker Armentia

Posted on Actualizado enn

eldiario.es

En cierta ocasión me dejaron echar un vistazo a un mensaje de correo electrónico en el que un técnico de una institución pública y un empleado de una empresa privada acordaban ‘preparar’ el pliego de un concurso. El conchabeo era muy afable. Charlaban como viejos amigos. La empresa se llevó el contrato y las consecuencias fueron desastrosas: sobrecostes, retrasos. Por mucho que insistí a mi fuente, nunca pude publicarlo. Fue un off the record y no conseguí a nadie que me aportara la información suficiente para destapar el chanchullo.

Otra persona de confianza que trabajaba en un empresa pública me contó cómo se topó con un contrato cuyo coste le parecía desmesurado y solicitó presupuestos a otras empresas para conseguir un precio más asequible para las arcas públicas. Cuando cambió de proveedor, uno de sus compañeros de trabajo apareció en su despacho y le soltó a la cara que tenía hijos que alimentar. Otro off the record.

No siempre es así. Desde que empecé en esto del periodismo hace 16 años he podido escarbar, confirmar y publicar la basura en la que se sostienen algunas prácticas de las instituciones públicas y de los corruptores en las empresas privadas, pero no son pocas las ocasiones en las que las denuncias se quedaron en un “esto queda entre tú y yo” o simplemente un resignado “para que veas cómo están las cosas ahí dentro”.

No pretendo sugerir que la corrupción sea generalizada en las instituciones públicas, no puedo afirmarlo, pero no hay más que ser un lector asiduo de los medios de comunicación para constatar que los corruptos no son una minoría. Y que la impunidad en la que viven se sustenta en el silencio de las personas que un día ven lo que no hay que ver pero deciden mirar a otro lado, o como mucho, se aventuran a contarlo a modo de chascarrillo en una comida familiar o en la barra de un bar.

Ese silencio que alfombra los tejemanejes tiene una explicación. El miedo. Hay que pagar facturas, sacar a la familia adelante. Es comprensible. Y denunciar irregularidades suele ser el principio de una pesadilla. En las pocas ocasiones en las que alguien da el paso, y más si lo hace con nombres y apellidos, los anticuerpos del sistema responden de manera muy agresiva: el tipo que denuncia tiene oscuros intereses, o no está bien, es un desequilibrado, es un tío extraño, ya sabes, obsesivo y además estuvo metido en algo turbio. Expresiones como estas se las he escuchado a jefes de comunicación. Así es como se defiende la podredumbre: desprestigiando a quien ha decidido romper la omertá. Y puede que haya ocasiones en que las fuentes no sean precisamente el Dalái Lama pero, en todo caso, aunque sus motivaciones sean cuestionables, ” si su información es sólida y veraz pueden ser más útiles que mil hombres buenos respetuosos de la ley“.

Los políticos que se llevan comisiones, los altos cargos que adjudican contratos a sus amigotes o los funcionarios que trabajan de espías dobles para empresas privadas no son más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos. De nosotros mismos. No son extraterrestres. Y lo complicado de demoler la corrupción es que para hacerlo tenemos que derruir una parte de nosotros mismos. Derruir los valores en los que, en parte, se ha fundamentado nuestra sociedad, que no son precisamente los de la honestidad y la decencia.

Por eso es más necesario que nunca romper ese silencio que mantiene en sus puestos a los corruptos y a los corruptores. Por eso es imprescindible que los funcionarios o empleados de empresas privadas que descubran amaños, levanten el teléfono, hablen con un fiscal o la policía, contacten con un periodista, manden un sobre a una redacción o a filtrala.

Nuestra sociedad necesita más gargantas profundas.

El alquiler de SanAntonio: 3,3 millones pagados desde 2007 y restan 13 años de contrato

Posted on Actualizado enn

IKER ARMENTIA 

La primera factura es del 16 de marzo de 2007. La última hasta ahora es del 10 de octubre de este año. Entre tanto, decenas y decenas de facturas a las que ha tenido acceso la CADENA SER en las que el Ayuntamiento ha pagado a Gonzalo Antón por el alquiler de los locales de San Antonio, las tres plazas de garaje y el trastero y las obras de adecuación de los locales.

Los impuestos como el IBI y la tasa de basuras también van a cargo de las arcas del Ayuntamiento de Vitoria.

Según estos datos, desde que Alfonso Alonso firmara el polémico acuerdo con Gonzalo Antón en febrero de 2007, el Ayuntamiento le ha pagado casi 3,3 millones de euros, en concreto, 3.283.121 euros (a los que habría que sumar otros 17.206 euros de la última factura de octubre que está pendiente de contabilizar).

Durante la investigación que se llevó a cabo en el Ayuntamiento de Vitoria, los grupos de la oposición desvelaron que la adquisición de esos locales le habían costado 2,7 millones de euros al expresidente del Deportivo Alavés.

La inversión total del empresario, en todo caso, asciende a 4,3 millones de euros, ya que a la compra de las oficinas hay que sumar otros 1,6 millones de euros por las obras de reforma que realizó el empresario y que también pagan las arcas públicas.

Esta operación está siendo investigada por el Tribunal de Cuentas del Estado por presuntas irregularidades. Recientemente, el Gobierno municipal ha entregado al Tribunal la documentación que le exigió para continuar con sus indagaciones.

Tras el escándalo suscitado en el Ayuntamiento, el alcalde de Vitoria, Javier Maroto, renegoció el precio del alquiler rebajando la renta “un 30%”.

La comisión de investigación del Ayuntamiento concluyó que el contrato y la modificación “van en contra del interés público por cuanto, en el mejor de los casos, en la actualidad siguen obligando al Ayuntamiento a un desembolso no inferior al doble del valor de compra del local”.